Mi práctica pictórica surge de la intersección entre la historia del arte, la antropología y los Derechos Humanos, utilizando la pintura al óleo como medio para explorar y pensar la memoria, la identidad y las experiencias humanas en contextos de conflicto, desplazamiento y transformación social.
Cada pieza nace un profundo proceso de investigación histórica, artística y cultural. A través de la lectura, la exploración de distintos países, la experiencia directa y el contacto con las personas y comunidades que inspiran mi trabajo, construyo narrativas visuales que buscan preservar memorias, visibilizar realidades y generar espacios de reflexión. El lienzo se convierte así en un espacio de convergencia entre la investigación y la experiencia humana, entre aquello que puede documentarse y aquello que únicamente puede ser intuido. La pintura no aparece como una ilustración de los hechos ni como un registro fiel de la realidad, sino como un lugar donde la memoria, la historia y la experiencia vivida entran en diálogo. Cada obra surge de la tensión entre la presencia y la ausencia, entre lo que permanece y lo que ha sido desplazado, entre la materialidad de los cuerpos y la fragilidad de los recuerdos.
Mi trabajo pretende abrir espacios para la contemplación y la reflexión, invitando al espectador a detenerse ante la complejidad de las experiencias humanas y a reconocer en ellas una dimensión compartida que trasciende fronteras, geografías y contextos históricos.
